Fog of War - Once lecciones de la vida de Robert S. McNamara



Que mejor que una critica autorizada sobre este documental. Vale la pena.

Pocas veces un ser humano ha sido tan consistentemente acusado de ocasionar tal cantidad de destrucción, dolor y traumas, como la que propiciara Robert S. McNamara, en los gobiernos de Robert S. Kennedy y Lyndon B. Johnson, desde su cargo de Secretario de Defensa de los Estados Unidos. La mayoría de los hombres así terminan por hundirse junto con el régimen político que representan, y a la sociedad le es entonces permitido el acto de catarsis colectiva que se consigue mediante la blasfemia pública; como si se cosiera a la piel, el nombre del sometido a semejante sanción queda para siempre unido a la marca de muerte que lleva, mencionarlo es generar inquietud o rabia. Alrededor de figuras como éstas se alza toda una mitología y, con la mórbida atracción que parece ejercer el mal, se multiplican los acercamientos: libros, películas, artículos, citas, menciones, imágenes, etc. Curiosamente, en medio de semejante compañía, la imagen que proyecta Robert S. McNamara es la de un funcionario público, e incluso más, la de un burócrata; alguien poseedor de una monstruosa mente racional cuya experiencia de vida nos es ahora presentada bajo la forma de once principios (que selecciona el realizador de la película).
1) Empatiza con tu enemigo;
2) La racionalidad no va a salvarnos;
3) Hay algo más allá de uno mismo;
4) Maximiza la eficiencia;
5) La proporcionalidad debe ser una directriz en la guerra:
6) Obtén el dato;
7) Lo que ves y lo que crees con frecuencia están errados;
8) Debes estar preparado para reexaminar tus razonamientos;
9) Para hacer el bien, puedes tener que involucrarte en el mal;
10) Nunca digas nunca;
11) No puedes cambiar la naturaleza humana.

¿A cuál campo de la vida se refieren realmente estos principios y quién los pronuncia? Es difícil lidiar con opiniones tan generales o abstractas que, si se les abstrae y considera con rigor, terminan siendo útiles para un campo de la vida humana que bien pudiéramos denominar “ciencia de dirección de los hombres”, disciplina en la que se confunden la administración, la política y la más contaminante cepa de ideología (como un virus) que podamos imaginar. Una disciplina así formulada no sólo pudiera ser compartida, sino incluso admirada; suerte de ingeniería humana o control de mentalidades que, aunque semioculto, resultaría parte del patrimonio político de cualquier país, de cualquier proceso que implique la participación y dirección de grandes masas sociales. La manera en la cual McNamara se presenta a sí mismo es, entonces, la del ingeniero, figura visionaria que sobresale y salta hasta la cumbre de la enorme nata burocrática incrustada en el aparato del poder.
La genialidad del realizador Errol Morris es haber reducido una vida esencialmente “formal” a sus componentes formales; toda la experiencia del personaje es reducida a una serie de principios operacionales. Morris, que utiliza un método de su invención para las entrevistas (el Interrotron, una pantalla de teleprompter colocada encima de la cámara; en la pantalla se proyecta la imagen del entrevistador, quien está en una habitación vecina, de modo que recibimos la sensación de estar asistiendo a una conversación privada), mantiene la cámara en el rostro del sujeto y, en ocasiones, sólo en una mitad, como indicando que siempre habrá algo colocado en la sombra dentro de esta persona de intervenciones chispeantes, ágiles, y reveladoras de una inteligencia brillante. Otro McNamara dentro del McNamara que vemos, un juego de espejos cuyas derivaciones son múltiples, pues ni siquiera se trata de un burócrata más, sino del primer civil que, en la historia de Estados Unidos, accede al puesto de Secretario de Defensa; junto con ello, ni siquiera se trata de un civil cualquiera, sino de alguien que proviene del mundo corporativo, en el cual asciende a primeros planos gracias a un formidable talento como organizador, y que carece de un pasado de abolengo desde el punto de vista clasista.
Los puntos críticos en la persona que el documental presenta son tres momentos centrales en la vida de la nación americana en el siglo pasado; dos de ellos evidentes: la llamada “Crisis de Octubre” y la invasión a Viet Nam, más un tercero que resulta sorpresa y que, en el fondo, resulta el verdadero centro en la argumentación: el bombardeo de la aviación estadounidense sobre la ciudad de Tokio, el 10 de marzo de 1945. En su contribución personal a lo que esa noche, a finales de la Segunda Guerra Mundial, sucediera, el administrador McNamara parece haber recibido el mensaje que le aclara el futuro. Por esa fecha, con el grado de Teniente Coronel, el futuro hombre de Estado trabajaba en un equipo destinado a analizar la efectividad de las misiones de combate de la aviación estadounidense; el estudio que presentaron demostró que casi un 30% de las bombas eran lanzadas antes de llegar al blanco, y McNamara (en concordancia con la “lección” # 4) presenta un plan que luego sería aplicado para maximizar la eficiencia de dichas acciones de ataque.
Sin embargo, el momento de máxima prueba para las ideas del joven burócrata tuvo lugar en la noche del 10 de marzo de 1945, cuando más de 300 aviones del ejército norteamericano bombardearon con napalm la ciudad de Tokio durante casi 24 horas, arrasaron casi un 60% de las viviendas y cobraron las vidas de más de 100 mil civiles indefensos, la mayor parte de ellos literalmente volatilizada por la intensidad de los incendios. Lo relevante de este ataque –ordenado por el General Curtis le May, Jefe de la Aviación estadounidense, exactamente para hacer daño a la población civil (ya que no había ningún ejército en la zona ni tampoco objetivo militar alguno que fuera decisivo para el futuro de la guerra)- permite que McNamara desplace la pregunta sobre Viet Nam (más de dos millones de vietnamitas muertos y casi sesenta mil soldados norteamericanos a lo largo de la guerra) hacia una pregunta que engloba el significado de los números, la cantidad de violencia que debe ser empleada y el sufrimiento de la población civil. Si bien el ingeniero asegura que fue un ataque innecesario (y recuerda al propio le May diciéndole que si los Estados Unidos hubiesen perdido la guerra, tanto le May como McNamara hubieran sido juzgados como criminales), a la vez que puede ser aceptado que se trata de la pregunta propia de cualquier estadista en situaciones límites, particularmente una guerra, igual hay que destacar su carácter meramente formal, operacional, ya que la formulación misma del problema (y es lo que el bombardeo a Tokio demuestra) es monstruosa desde que supone tratar como ejército a una población civil indefensa. Si bien, más que la cantidad de dolor ocasionado es la calidad moral de la acción lo que define al criminal de guerra, lo fascinante es que McNamara llenaría el prototipo, pero dentro de un país que, a su vez, lo ha magnificado como estadista. Y ello, con el magnetismo personal, la capacidad de respuesta y el control dramático del performance político de alguien que sabe que la Historia no sólo consiste en lo sucedido, sino en la escritura futura del hecho; no en vano estamos en presencia del hombre cuya máxima, en tiempos de estar en la élite del poder, era no responder a lo que los periodistas preguntaban, a la pregunta tal y como había sido hecha, sino dar respuestas a la pregunta que hubiese deseado que le hicieran. Por tal motivo, lo que Morris enseña durante las casi dos horas que dura el documental es una entraña de la guerra y, sobre todo, de la dominación imperial; en especial, porque las once “lecciones” que arman la arquitectura del relato sólo tienen sentido en una nación con capacidad de “ir a la guerra” y de negociar desde posiciones de fuerza, todo lo cual esconde un fondo oscuro de trapacería, doblez, ambición y violencia que subyace bajo las calmadas e inteligentes palabras del hombre que fuera una de las persona más poderosas dentro del aparato político de los EE.UU.
Tanto la personalidad del entrevistado como los eventos en los que participara son de tal interés que la mayor parte de los comentarios enfatizan los aspectos históricos y ponen a un lado la hechura, lo correspondiente a la maestría artística. The fog of war es una obra cinematográfica poderosa, una verdadera lección en cuanto al manejo y sentidos de la cámara, el uso del montaje y materiales de archivo, la creación de una banda sonora en la cual tanto el universo espiritual del personaje central como su entorno son capturados. Tomando en cuenta que ya nos referimos al formidable hallazgo del realizador a la hora de encontrar una estructura dentro de la cual organizar y narrar el resultado de sus escasas 20 horas de entrevista con McNamara. Todo ello nos permite afirmar que, en esta película, Errol Morris está en un muy alto momento creativo, a la altura de obras anteriores como The thin blue line y Mr. Death.
Sin embargo, en una obra de este tipo la exactitud histórica es necesidad tanto como virtud, de tal modo que vale la pena recomendar una fuente alternativa, y para ello nadie mejor que Eric Alterman, analista político e historiador quien, en el año 2003, justo recién salido el documental que nos ocupa, sostuvo una breve polémica pública con Morris donde cuestionó la tesis fundamental que, sobre la personalidad de McNamara, el realizador parece defender: la del especialista mesurado, frío, la “computadora con patas” (que era como llamaban sus enemigos al entonces Secretario de Estado). Para Alterman, las cintas desclasificadas (de conversaciones entre el Presidente Robert S. Kennedy y McNamara, así como otras, meses más tarde, entre McNamara y Lyndon B. Jonson, el nuevo Presidente) que Morris maneja como prueba incontestable para fijar la imagen de un McNamara cauteloso, al cual escuchamos recomendar la retirada del ejército de EE.UU. de Viet Nam, pueden ser enfrentadas a otras, de igual período, que muestran lo contrario.

Extraido de Miradas

Alberto Peves M.

1 comentario:

Francisco dijo...

Gracias man Gracias ......... hacia tiempo ke buscaba este documental . este es el mejor regalo para las personas como yo .....hay un documental sobre la compra de Navisco .........no se si sabes el titulo de ese documental te agradeceria bastante si me confirmas